Camino al Bicentenario del nacimiento de Faustino Sarmiento, la Asociación Civil Instituto Sarmientino de Santa Fe abre este blog para recorrer las múltiples facetas de la vida de Sarmiento; promover a la vez alrededor de este eje sarmientino un espacio convocante de ideas y de temáticas donde se entretejan "(...) el tiempo que es depués antes y ahora".



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jueves, 22 de abril de 2010

Recetas para los dulces de Paula

                                                  Dulce de durazno
Se toman duraznos que sean de regular madurez, se pelan y se ponen en almíbar con mucha agua y la misma cantidad de azúcar que de fruta pesada cruda; se le deja tomar bastante punto para que pueda guardarse mucho tiempo, tapando los tarros cuando esté frío y teniendo cuidado de ponerles, antes que la tapa, un papel blanco mojado en alcohol. Si los duraznos son un poco verde, deben cocerse antes de ponerlos en el almíbar.
         
                    
Dulce de durazno especial 
Se procura que los duraznos sean del mismo árbol y que no estén estropeados, que sean de la clase que llaman de "pepa parda", y que el "carozo no sea colorado" sino claro.
Se pelan de la siguiente manera: en una vasija grande se pone al fuego bastante cantidad de ceniza y agua, que esté hirviendo fuerte, y en esa especie de lejía, sin colarla, se van echando de a poco los duraznos para que hiervan unos cuanros minutos; enseguida se ponen en agua fría y con la mano se frotan para sacarles la pelusa: si no sale con facilidad, se vuelven a poner un momento en la lejía hirviendo.
Después se dejan veinticuatro horas en agua, cambiándola varias veces. Se cuecen, sacándolos uno por uno cuando están un poco blandos; se vuelven a dejar en agua algunas horas más. Se hace el almíbar con el mismo peso de azúcar que la fruta cruda y se ponen los duraznos cuando tenga un poco de punto, cociéndolos a fuego muy lento y sin tocarlos, solamente para cambiar los de las orillas del tacho al centro, si éstos están menos cocidos. Cuando está bien hecho, este dulce queda de un color rosado claro y el almíbar transparente.

Licor de naranja para atender a las visitas.
Se ponen en un litro de alcohol las cáscaras de ocho naranjas, durante diez días; cuando ha tomado color, se hace un almíbar con un litro de agua, un kilo de azúcar y un poco de vainilla; se deja enfriar, se mezcla con el alcohol y las cáscaras y se pasa por papel filtro.
                                                                           

miércoles, 21 de abril de 2010

Poemas para los árboles de Paula

Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!

¡Vendo los cirros morados
y rosas, las alboradas,
los crepúsculos dorados!

¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero!
¡Vendo la nieve, la llama
y el canto del pregonero!

Rafael Alberti

martes, 6 de abril de 2010

Poemas para los árboles de Paula

Oda  a la higuera”

Miguel Hernandez
Abiertos, dulces sexos femeninos,
o negros, o verdales:
mínimas botas de morados vinos,
cerrados: genitales
lo mismo que horas fúnebres e iguales. Rumores de almidón y de camisa:
¡frenesí! de rumores
en hoja verderol, falda precisa,
justa de alrededores
para cubrir adánicos rubores. Tinta imborrable, savia y sangre amarga;
malicia antecedente,
que la carne morena torna torna y larga
con su blancor caliente,

¡Oh meca! de lujurias y avisperos,
quid de las hinchazones.
¡Oh desembocadura! de los eros;
higuera de pasiones,
crótalos pares y pecados nones. Al higo, por él mismo vulnerado
con renglón de blancura,
y orines de jarabe sobre el lado
de su mirada oscura,
voy, pero sin pasar de mi cintura. Blande y blandea el sol, ennegrecido,
el tumor inflamable.


El pájaro que siente aquí su nido,
su seno laborable,
se ahogará de deseo antes que hable.
Bajo la umbría bíblica me altero,
más tentado que el santo.
Soy tronco de mí mismo, mas no quiero,
ejemplar de amaranto,
lleno de humor, pero de amor no tanto. Aquí, sur fragoso tiene el viento
la corriente encendida;
la cigarra su justo monumento,
la avispa su manida.
¡Aquí vuelve a empezar!, eva, la vida.

Poemas para los árboles de Paula




LA HIGUERA
Juana Ibarburu


Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.


En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.


En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
¡Hoy a mí me dijeron hermosa!