Camino al Bicentenario del nacimiento de Faustino Sarmiento, la Asociación Civil Instituto Sarmientino de Santa Fe abre este blog para recorrer las múltiples facetas de la vida de Sarmiento; promover a la vez alrededor de este eje sarmientino un espacio convocante de ideas y de temáticas donde se entretejan "(...) el tiempo que es depués antes y ahora".



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jueves, 12 de agosto de 2010

Breve encuentro con Sarmiento vísperas de su muerte...-5-

SARMIENTO(Alicia):- ¿Que el destierro es desangrar el alma de sus savia?

SARMIENTO (Ma. Claudia): -"¡ El destierro! ¡Ah! ¿ Quién de vosotros conoce lo que tiene de despiadado esta desapacible palabra? ¿Habéis por desgracia andado vagando prófugos y sin amigos en tierra extraña? ¿Quién sino quien a su pesar se aleja de la patria, donde queda la casa de sus padres y la escena de sus recuerdos, supo sentir la insipidez del pan extraño, y la desazón de la mesa en cuyo derredor no se sientan la madre ni los hermanos? La fortuna puede en hora buena ofrecer sus goces a precio de oro comprados; pero todo el oro  del mundo no paga la dicha inexplicable, de aquel tranquilo contento con que bajo el hogar paterno, a la vista de los más indiferentes objetos, siente uno reproducirse mil reminiscencis vagas, indefinibles, que le retratan los juegos infantiles, las primeras afecciones y las caricias maternales."

--¿ Que la soledad suele ser un bastión para la lucha?

SARMIENTO(Alicia): -"Antes que todo debo aclarar que en todas las transacciones de la vida pública y privada quise quiero ser YO, siempre YO, tal como la naturaleza me ha hecho y no deformado por las presiones exteriores- Por esta razón no consulto ni a mis amigos en los actos supremos de mi vida en lo que no tienen relación sino con mi persona. Yo ví, yo oí, yo hice. Critique el que quiera. Sarmiento, le prevengo, no ha sido fiel a nadie porque nunca ha estado al servicio de nadie."

"El hombre público desempeña varios papeles y a mi en tan digno drama me han tocado los más difíciles. Pero sencillo o complicado, el drama del hombre público (dicho por propia experiencia) es recibido por la rechifla del respetable público, injuriado por sus colegas, escarnecido por los ancianos...El hombre público es Rigoletto cuando está solo, y si es viejo cuenta los días, los meses y los años de este suplicio eterno, de todas las horas, esperando de dónde se lavantará un nuevo clamor, una nueva grita contra el homre pñublico que no supo detener la lengua, que llamó a las cosas por su nombre y que hirió a tal o cual susceptibilidad estúpida. Por ello fui declarado LOCO. He estado LOCO por más de 40 años !!"

"Eso sí, como le dije a Miguel Cané padre...El día que me devuelvan a uno de mis viejos amigos alejados por disidencias de opinones, ese día me saco el gran premio de la lotería..."

martes, 11 de mayo de 2010

Día del Himno Nacional Argentino

HIMNO NACIONAL ARGENTINO (original de 1813)

¡Oíd, mortales!, el grito sagrado:
¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas
ved en trono a la noble igualdad.

Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido un león.

De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos
a su marcha todo hacen temblar.

Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.

Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.

En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel.
Su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.

¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz,
y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?

¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?

A vosotros se atreve, argentinos
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
 tantas glorias hollar vencedor
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.

El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.

Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo león.

San José, San Lorenzo, Suipacha.
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,
son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.

La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad,
y sobre alas de gloria alza el Pueblo
trono digno a su gran Majestad.

Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: ¡Mortales, oíd!

Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al gran Pueblo Argentino, salud!

                                                            Sean eternos los laureles
                                                            que supimos conseguir:
                                                            coronados de gloria vivamos,      
                                                            o juremos con gloria morir.
                                                                (Se canta después de cada estrofa)

Letra: Vicente López y Planes

Música: Blas Parera



ACOTACIONES:

Vicente López y Planes (1785-1856), poeta de la literatura de Mayo. Se graduó en Derecho en la Universidad de Chuquisaca.

Blas Parera, español, maestro de piano y violín. En 1860, Juan Esnaola realizó algunos cambios a la música del Himno basándose en manuscritos de su autor. Los arreglos fueron aceptados como versión definitiva en 1944.



El 30 de marzo de 1900, el Poder Ejecutivo decreta que se canten sólo la primera y última cuarteta más el coro.